Si hay un sistema operativo al que le tengo especial manía prácticamente desde el primer momento que lo probé es a Windows XP. Ya de primeras su nombre no me gusta: Windows "me río en tu cara". Además odio su theme "teletubbie": no solo me descojono de tí sino que además te recuerdo que ahora mismo podrías estar tirado en la hierba al sol en vez de estar en tu cuchitril a la luz de un flexo.
Lo odio, lo odio, lo odio. Pero no penséis que estos son mis únicos motivos para detestarlo. Aún me acuerdo de la primera en mi ordenador... Todo pasó una tarde de lluviosa, yo era joven, no sabía lo que hacía y necesitaba el dinero... En menos de una hora ya había conseguido mi primera BSOD. Que decir que desde ese momento no nos llevamos bien. Y no digo que sea malo, millones de personas gritando al cielo para que se amplíe su soporte debe ser algo significativo (aunque tampoco se porqué no comemos mierda sin 100 mil millones de moscas lo hacen...), pero no está hecho para mí. Todas las veces que lo he intentado he acabado borrándolo por completo. Pero no todo con XP fue malo, gracias a él y a la urticaria que me salía cuando arrancaba el sistema, conseguí meterme de lleno en el mundo Linux. Y así pasaron los años, con Windows XP en un cajón y en mis ordenadores Linux yo vivía feliz en mi mundo completamente ajeno a lo que le pasaba al sistema de Redmin (aunque secretamente me regocijaba con cada gusano que aparecía). Pero lo bueno nunca dura y hará cosa de una semana me dieron portátil de empresa. ¿Y a que no imagináis que SO lleva?
Y sí, como podéis imaginar estoy ya hasta los huevos de él. Instalaciones que no se terminan, programas que no se apagan. Un sistema que no se recupera de la hibernación, una batería que me dura un suspiro y ese tipo de cosillas que tanto echaba de menos.
Ay, ay, ay. Dios mío, ayúdame (C) Delphin Quispe